domingo, 6 de julio de 2014

Metavergüenza

Todavía no sé por qué escribo. De hecho, casi no escribo. Y eso sí sé por qué es. Porque pasados los días y los meses, cuando vuelvo a leer lo que un día me pareció inspirador, se me cae la cara de vergüenza. Lo mismo me pasará con esto. Qué le vamos a hacer.

Hace una semana una amiga comentaba que es bueno avergonzarse de uno mismo: significa que estamos madurando. He recibido ese lema con los brazos abiertos y ya no quiero desprenderme de él. Todos los días, como quien hace la señal de la cruz al meterse en la cama, vivo algún capítulo de vergüenza propia. Primero me maldigo; luego me río -un buen rato- desde la impotencia de saber que hay cosas que no se pueden cambiar; a partir de ahora, como tercer paso, traduciré el sonrojo en síntoma de madurez inmediata.

También he oído mucho estos días esa vieja y manida -aunque cierta- frase. "Es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no". Al menos puedes reírte si quedas como un patán. Aunque esa risa sea la típica hiperventilación nerviosa que precede a un llanto histérico y cargado de patetismo.

Como este absurdo texto. Llamarle "texto" es bastante pretencioso. Ya me estoy avergonzando. Ya estoy madurando. A este paso, me marchito antes que aquella flor de 'Daniel el Travieso'. Amorphophallus Titanum.

domingo, 12 de enero de 2014

Tras una triste estancia

Un lugar acogedor y funesto,
mágico,
 perverso...
Teñido por el gris de lo discreto.

Mil ojos vigilan desde un punto ciego.
Sombras en la ventana, 
cortinas en movimiento...

Pueden ver cómo regreso.
Mirada inmóvil,
paso ligero;
pero no que hay algo que conmigo llevo:
un trozo de ese pantano de tristeza
 que mantiene verde y húmeda esta tierra,
fértil en morriña y pena,
en silencios de verbena.
Rica en muerte y ausencia.

En su suavidad fría...

En su extraña lejanía...
Entre los susurros de la niebla
 descansa una opresora divina:
la soledad,
ya viuda,
y la única que aquí permanece viva.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Lo absurdo tiene su lógica.

Tal vez hoy, y solo hoy, sea legítimo hablar sin tapujos o apoyar sin censura la filosofía del absurdo que plasmó Albert Camus en su obra.

Muchar reseñas, comentarios literarios y hasta la propia contraportada de ‘El Extranjero’ reza que el libro es una crítica hacia la falta de valores del hombre de la época. No pongo en duda la interpretación cuasi-universal de la novela, pero después de leerlo varias veces y en distintos momentos de mi vida sigo sin poder atisbar tal crítica en sus palabras.

En su lugar, siempre lo he interpretado como una desaprobación del exceso de preocupación del ser humano: la gente se angustia de forma inconmensurable por asuntos poco relevantes y, en consecuencia, estipula demasiados principios y criterios nada prácticos sobre ellos. 

Siempre a mi juicio. Porque si algo dicta esta filosofía es que cada cual crea y moldea su particular sentido de la vida, su motivo único y propio para justificar su existencia. En cualquier caso, los practicantes del absurdismo son conscientes de la insignificancia de la misma, y lejos de caer en la frustración, disfrutan de la ligereza que tal perspectiva les confiere.

Son una especie extraña, una de esas rarezas que solo habitan en las fosas abisales de la mente humana, ocultas y protegidas por una carcasa de piel y carne tras la que, se presupone, hay raciocinio, ética y lógica en lugar de “indiferencia”.

Pero tanta lógica, tanta ética, tanto raciocinio, llevan a menudo al desengaño y al hundimiento de los esquemas construidos cuando percibimos que se viola alguno de los preceptos que asumimos como universales. Y la universalidad, en materia de pensamiento, no está contemplada en la filosofía del absurdo. Entonces… ¿por qué hay ecuanimidad a la hora de interpretar ‘El extranjero’?

En cualquier caso, tal vez el hombre actual sea más masoquista que frívolo, y disfrute del sentimiento de agonía que provoca la preocupación por ciertas nimiedades; o quizás la egolatría, hoy más presente que la liviandad, haga dar urgente prioridad a lo propio que a cuestiones colectivas de mayor alcance. O, y esto es lo más probable, el afán de posesión y las ansias de dominio le hacen víctima de sí mismo, empujándole a los pozos del desasosiego.

No se trata de un “mejor” o un “peor”, simplemente de una simplificación, de una relativización elevada a infinito del devenir de las cosas. No se trata de “pasotismo” por naturaleza, como a veces se califica la materialización del absurdismo. Detrás de esta elección hay horas y horas de pensamiento, horas y horas de meditación que acaban por inclinar la balanza hacia el lado de la comodidad práctica.


Si eso no es usar la lógica y el raciocinio, que baje Camus y lo vea.


sábado, 9 de febrero de 2013

Bebé a bordo

Acabo de subirme en un autobús. Lo primero que escucho al atravesar esa compuerta es el desconsolado llanto de un bebé. Camino por el pasillo hacia atrás y más atrás, y el llanto se va intensificando. Y pienso: "¡Vaya por Dios!" 

He llegado a mi sitio y, cómo no, me siento sin ningún tipo de preparativo previo a un largo viaje. Estoy unas tres filas delante del 'dichoso' bebé y la gente de mi alrededor, todos en el área de peligro, bufan, resoplan y chasquean sus lenguas contra el paladar. A estas quejas sordas se suman las verbales, las de esos pasajeros que maldicen al bebé en las conversaciones telefónicas que se dan al principio de todo viaje. Yo aún no he expresado mi malestar... pero no será por ganas. Me molestan los llantos del bebé.

Me levanto para quitarme el abrigo y lanzo una mirada llena de odio y amenaza hacia el lugar del que proceden los berridos. Entonces veo al bebé, sufriendo por algún motivo que los demás desconocemos y trivializamos pero que él siente desde la pureza de su inexperiencia, desde su inconsciencia. 
Y veo a su madre, un rostro lleno de dulzura que, ajeno a la incomodidad que su retoño despierta en los pasajeros, trata de calmarle con una sonrisa aderezada con desazón. 

Mi mirada amenazante se transforma, repentinamente, en vergüenza propia y ajena. Los bufidos, resoplidos, chasquidos y demás quejas continúan. Ojalá los demás se voltearan y vieran lo que yo he visto: una imagen llena de ternura y de mimo, una demostración del amor más inmaculado. 
El foco de tirria de medio autobús se ha convertido para mí en una guía que me recuerda cuánto desprecio los individualismos, la falta de empatía y, en suma, la insolidaridad. Ellos brillan y los demás seguimos en la penumbra.

En el fondo, sus llantos nos molestan porque todos tenemos unas profundas e irreprimibles ganas de llorar. Le envidiamos porque él puede desahogarse sin importarle qué piensan los demás. A gritos y aspavientos, a lágrima viva y a moco tendido. Nosotros no. No en público. Como mucho nos concedemos el lujo de echar un suspiro humedecido desde la furtividad que nos concede el bochorno.

El autobús comienza a moverse. Pasado el rato, se vuelve a escuchar al bebé. Esta vez son risas adornadas con trinos y gorgoritos que a nadie parecen molestar. El bebé sigue siendo dichoso y nosotros... Nosotros continuamos con unas profundas ganas de llorar.





jueves, 27 de diciembre de 2012

Esperando nada

"En ese momento de plena felicidad me invadió una terrible sensación de tristeza venidera". 

Esta frase, o una muy parecida, forma parte del guion de 'Las Sesiones', una película que a priori no llama mucho la atención y que precisamente por eso, por no crear expectativas, sorprende gratamente.

Y sobre las expectativas medito últimamente largo y tendido. Un caramelo envenenado cuyo sabor es delicioso al paladar, pero que deja hecho añicos el estómago. Se degusta en los momentos previos a una situación o circunstancia que se considera estimulante: a un nuevo trabajo, a un nuevo curso lectivo, a un viaje... y especialmente entre los jóvenes, a una noche de fiesta.

Solo hay que echar un vistazo a las calles de Madrid un viernes al atardecer. Se palpa el ánimo, esa emoción contenida que se ha ido reservando durante toda la semana, como se hace con el caldo de verduras para el cocido magistral de los domingos. Sonrisas y alborozo por las calles; los bares, a rebosar; y a través de las ventanas semiabiertas de los pisos compartidos se pueden escuchar las escurridizas notas de algún tema desenfadado. En su interior, los jóvenes habitantes se arreglan, combinan y permutan sus prendas, bailan frente al espejo, se preguntan y aconsejan. Ya ruedan por el baño los pintalabios y los botes de gomina. En el pasillo, el olor a éxito que deja la mezcla de colonias recién servidas. Y más adentro, en cada una de sus cabezas, una sola idea: "Esta es mi noche". 

Esto es lo que ocurre un viernes normal (está claro que los sábados pierden fuelle), que se da semana tras semana. Pero ahora se acerca la noche del año que más expectativas a nivel global genera, que más fantasías e ilusiones despierta en las mentes juveniles, volubles y soñadoras. Se acerca Nochevieja. Se acerca la emocionante liturgia previa a Fin de Año. La de probarse el vestido negro dos veces al día; la de pedir cita en la peluquería; la de atar con doble nudo los planes para la noche más importante del año. La más prometedora.


Pero por muy complejo que sea el mundo imaginario que se abre paso entre los recovecos de la materia gris, este acabará por derrumbarse, estallará cual pompa de jabón en cuanto el reloj atraviese el umbral de las 00.00 y los pies atraviesen el umbral del portal. La bofetada gélida de una noche de invierno devuelve a cada cual a su puro existir, en el que las emociones nunca han necesitado cita previa. Y al despertar el 1 de enero los ánimos están desinflados, apocados. La apatía se adueña de un cuerpo hecho trizas y de un espíritu desengañado. El contador empieza de cero. Otra vez, un año más.




No está de más dejarse embriagar de vez en cuando por las expectativas pero a veces es mejor rechazarlas y darle a la realidad la posibilidad de que te seduzca hasta la plenitud. Es difícil y, cuando lo hace, sabes lo que vendrá después.

"En ese momento de plena felicidad me invadió una terrible sensación de tristeza venidera".



viernes, 9 de noviembre de 2012

Radiografía de China ante el cambio en la cúpula del Partido Comunista. Marco político (III)

Otros partidos políticos en China.
Al margen del unipartidismo citado expresamente en el preámbulo de la Constitución de 1982, en China existen ocho organizaciones políticas legales, si bien su potestad para tomar o participar en decisiones y resoluciones vinculantes es nula. Son el Comité Revolucionario del Guomindang de China, la Liga Democrática de China, la Asociación de la Construcción Democrática de China, la Asociación para la Promoción de la Democracia en China, el Partido Democrático Campesino y Obrero de China, el Zhigongdang de China, la Sociedad Jiusan y la Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwan.
Todas ellas, más el PCCh, están representadas en la Conferencia Política Popular Consultiva China (CCPPCC), a través de más de 350.000 miembros(8). La CCPPCC se reúne una vez al año para acercar posturas entre las distintas formaciones y debatir temas concretos. Pero las decisiones extraídas de la CCPPCC son meramente consultivas.
La influencia del Partido sobre la CCPPCC es notable, pues está presidida por uno de sus miembros, Jia Qinglin. Además, es el PCCh quien la convoca y la mayoría de sus integrantes forman parte del partido.

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8 Marco Político en China. Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Pekín, Mayo 2010.

martes, 6 de noviembre de 2012

Radiografía de China ante el cambio en la cúpula del Partido Comunista. Marco político (II)


Articulación del poder en China. 
En China existen tres grandes estructuras de poder, aunque debido a la omnipotencia del PCCh es difícil distinguir dónde están los límites entre ellas. Lo que sí es seguro es que es precisamente el partido el que ocupa la cúspide de este triángulo:
A. El Partido Comunista Chino: Fue fundado en 1921 y es, desde 1949 hasta hoy, el único partido que ha ostentado el poder del país. Casi 80 millones de personas militan en él, aunque integra una serie de órganos que van estrechando su cúpula hasta concretarse esta en nueve de sus miembros, las cabezas visibles del partido. Los órganos del PCCh son:
  1. El Congreso Nacional, que se reúne cada 5 años y cuya función principal es renovar o reelegir a los cargos representantes de los órganos superiores. El último, el XVII Congreso Nacional del PCCh se celebró en 2007 y en él participaron 2.225 miembros en representación de toda la militancia. El próximo tendrá lugar en 2012 y de él saldrán electos, entre otros, los sucesores del actual presidente de la República, Hu Jintao, y del Primer Ministro, Wen Jiabao. En el Congreso Nacional se elige también a los componentes del siguiente eslabón del partido, el Comité Central.
  2. El Comité Central está compuesto actualmente por 371 miembros (204 titulares y 167 suplentes). Por lo general, se reúne en pleno dos veces al año. Entre sus funciones destaca la de marcar las líneas genéricas de actuación del partido. Además, en él se designa a los miembros del Politburó, siguiente instancia en la organización del partido. Al Comité Central también le corresponde elegir a los nueve miembros que integran el Comité Permanente del Politburó y entre ellos debe nombrar al Secretario General del Partido.
  3. El Politburó o Buró Político: en la actualidad se compone de 25 miembros que de forma paralela ocupan los puestos más importantes en el Consejo de Estado (el Gobierno). Se reúnen con una mayor asiduidad y se encarga de concretar las líneas fijadas por el Comité Central mediante la toma de decisiones.
  4. El Comité Permanente del Politburó: es la cúspide en la que se concentran los nueve hombres más importantes del partido único. En los tres primeros puestos se encuentran, por orden de importancia: el Presidente de la República, Hu Jintao; Wu Bangguo, Presidente de la Asamblea Nacional Popular y Wen Jiabao, Primer Ministro. El Vicepresidente de la República, Xi Jinping, ocupa el sexto sillón en el Comité Permanente.
Hu Jintao, Wu Bangguo, Wen Jiabao, Jia Qinglin, Li Changchun, Xi Jinping, Li Keqiang, He Guoqiang y Zhou Yongkang. Los 9 miembros del Comité Permanente tras su nombramiento en 2007

B. El Estado: subordinado a la existencia del PCCh, es un intento para establecer la clásica división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. A estos habría que añadir el militar.
1.      Consejo de Estado (poder ejecutivo): es el Gobierno, dirigido por el Primer Ministro Wen Jiabao y compuesto por unos 40 miembros entre Viceprimeros Ministros, Ministros, Consejeros de Estado, el Presidente del Banco Popular de China, etc. Los mandatos se ejercen por periodos de 5 años y por un máximo de dos legislaturas.
2.      Asamblea Popular Nacional (poder legislativo): está compuesta por unos 3.000 miembros que representan a las 32 grandes unidades administrativas del país (23 provincias, 5 regiones autónomas y 4 municipios autónomos). Sus funciones son la aprobación, modificación o supresión de leyes (también sobre reformas de la Constitución), nombramiento o destitución de cargos, y supervisión de los demás órganos del Estado. El mandato de los miembros de la APN dura también 5 años. En la actualidad, el Presidente de la APN es Wu Bangguo.
3.      Tribunal Popular Supremo y Fiscalía Popular Suprema (poder judicial): están presididos, respectivamente, por Wang Shengjun y Cao Jianming. Al hablar del poder judicial en China, hay que destacar su debilidad y dependencia del PCCh. Este controla, desde fuera, los nombramientos de los jueces (a través de la APN) y desde dentro, con comités de control presentes en todos los tribunales[1].
4.      Comisión Militar Central: es la máxima autoridad del Ejército Popular de Liberación. En teoría, existen dos CMC, una dependiente del Estado y otra del PCCh, aunque en la práctica no existe diferencia entre ambas[2]. El Presidente de la CMC es Hu Jintao.

C. El Ejército Popular de Liberación: es la tercera gran estructura de poder de China. Está gobernado por la ya citada CMC y es el ejército más numeroso del mundo.
El ejército más numeroso del mundo

Una vez determinadas las tres ramas de poder en la República Popular China y los organismos en los que se concretan, se observan varias peculiaridades. En primer lugar, es curioso cómo en China las instituciones políticas y estatales se configuran a raíz de la existencia del PCCh y no a la inversa. La configuración del Estado es una réplica de la del PCCh y, del mismo modo, los mandatarios de las instituciones del Estado son también altos cargos del PCCh, llegando algunos a ocupar varios puestos en la dos superestructuras (por ejemplo, Hu Jintao es Presidente de la República, Secretario General del PCCh, Jefe de las Fuerzas Armadas y Presidente de la CMC).
No obstante, la concentración de poder era más acusada en el pasado. En la época de Mao, el peso del Gobierno y de la República recaía en el dualismo ‘único líder, único partido’. Hoy, pese a haber pocos indicios de que el régimen se vaya a abrir al pluralismo político, se evita la figura de líder para abogar por los órganos colegiados y el reparto de las responsabilidades.



[1] GAROT, Marie-José. El poder judicial en China: ¿independiente y eficaz? InDret. Barcelona, 2009.
[2] Artículo de Wikipedia sobre la CMC.