Todavía no sé por qué escribo. De hecho, casi no escribo. Y eso sí sé por qué es. Porque pasados los días y los meses, cuando vuelvo a leer lo que un día me pareció inspirador, se me cae la cara de vergüenza. Lo mismo me pasará con esto. Qué le vamos a hacer.
Hace una semana una amiga comentaba que es bueno avergonzarse de uno mismo: significa que estamos madurando. He recibido ese lema con los brazos abiertos y ya no quiero desprenderme de él. Todos los días, como quien hace la señal de la cruz al meterse en la cama, vivo algún capítulo de vergüenza propia. Primero me maldigo; luego me río -un buen rato- desde la impotencia de saber que hay cosas que no se pueden cambiar; a partir de ahora, como tercer paso, traduciré el sonrojo en síntoma de madurez inmediata.
También he oído mucho estos días esa vieja y manida -aunque cierta- frase. "Es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no". Al menos puedes reírte si quedas como un patán. Aunque esa risa sea la típica hiperventilación nerviosa que precede a un llanto histérico y cargado de patetismo.
Como este absurdo texto. Llamarle "texto" es bastante pretencioso. Ya me estoy avergonzando. Ya estoy madurando. A este paso, me marchito antes que aquella flor de 'Daniel el Travieso'. Amorphophallus Titanum.
El váter está supurando
domingo, 6 de julio de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
Tras una triste estancia
Un lugar acogedor y funesto,
mágico,
perverso...
perverso...
Teñido por el gris de lo discreto.
Mil ojos vigilan desde un punto ciego.
Sombras en la ventana,
cortinas en movimiento...
Pueden ver cómo regreso.
Mirada inmóvil,
paso ligero;
paso ligero;
pero no que hay algo que conmigo llevo:
un trozo de ese pantano de tristeza
que mantiene verde y húmeda esta tierra,
que mantiene verde y húmeda esta tierra,
fértil en morriña y pena,
en silencios de verbena.
Rica en muerte y ausencia.
En su suavidad fría...
En su extraña lejanía...
Entre los susurros de la niebla
descansa una opresora divina:
descansa una opresora divina:
la soledad,
ya viuda,
ya viuda,
y la única que aquí permanece viva.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Lo absurdo tiene su lógica.
Tal vez hoy, y solo hoy, sea legítimo hablar sin tapujos o
apoyar sin censura la filosofía del absurdo que plasmó Albert Camus en su obra.
Muchar reseñas, comentarios literarios y hasta la propia contraportada de ‘El
Extranjero’ reza que el libro es una crítica hacia la falta de valores del hombre
de la época. No pongo en duda la interpretación cuasi-universal de la novela, pero
después de leerlo varias veces y en distintos momentos de mi vida sigo sin
poder atisbar tal crítica en sus palabras.
En su lugar, siempre lo he interpretado como una desaprobación
del exceso de preocupación del ser humano: la gente se angustia de forma inconmensurable
por asuntos poco relevantes y, en consecuencia, estipula demasiados principios
y criterios nada prácticos sobre ellos.
Siempre a mi juicio. Porque si algo dicta esta filosofía es
que cada cual crea y moldea su particular sentido de la vida, su motivo único y
propio para justificar su existencia. En cualquier caso, los practicantes del
absurdismo son conscientes de la insignificancia de la misma, y lejos de caer
en la frustración, disfrutan de la ligereza que tal perspectiva les confiere.
Son una especie extraña, una de esas rarezas que solo habitan
en las fosas abisales de la mente humana, ocultas y protegidas por una carcasa de
piel y carne tras la que, se presupone, hay raciocinio, ética y lógica en lugar
de “indiferencia”.
Pero tanta lógica, tanta ética, tanto raciocinio, llevan a
menudo al desengaño y al hundimiento de los esquemas construidos cuando
percibimos que se viola alguno de los preceptos que asumimos como universales. Y
la universalidad, en materia de pensamiento, no está contemplada en la filosofía
del absurdo. Entonces… ¿por qué hay ecuanimidad a la hora de interpretar ‘El
extranjero’?
En cualquier caso, tal vez el hombre actual sea más
masoquista que frívolo, y disfrute del sentimiento de agonía que provoca la
preocupación por ciertas nimiedades; o quizás la egolatría, hoy más presente
que la liviandad, haga dar urgente prioridad a lo propio que a cuestiones
colectivas de mayor alcance. O, y esto es lo más probable, el afán de posesión y las ansias de dominio le hacen víctima de sí mismo, empujándole a los pozos del desasosiego.
No se trata de un “mejor” o un “peor”, simplemente de una
simplificación, de una relativización elevada a infinito del devenir de las cosas. No se trata de “pasotismo” por naturaleza, como a veces se califica la
materialización del absurdismo. Detrás de esta elección hay horas y horas de
pensamiento, horas y horas de meditación que acaban por inclinar la balanza
hacia el lado de la comodidad práctica.
Si eso no es usar la
lógica y el raciocinio, que baje Camus y lo vea.
sábado, 9 de febrero de 2013
Bebé a bordo
Acabo de subirme en un autobús. Lo primero que escucho al atravesar esa compuerta es el desconsolado llanto de un bebé. Camino por el pasillo hacia atrás y más atrás, y el llanto se va intensificando. Y pienso: "¡Vaya por Dios!"
He llegado a mi sitio y, cómo no, me siento sin ningún tipo de preparativo previo a un largo viaje. Estoy unas tres filas delante del 'dichoso' bebé y la gente de mi alrededor, todos en el área de peligro, bufan, resoplan y chasquean sus lenguas contra el paladar. A estas quejas sordas se suman las verbales, las de esos pasajeros que maldicen al bebé en las conversaciones telefónicas que se dan al principio de todo viaje. Yo aún no he expresado mi malestar... pero no será por ganas. Me molestan los llantos del bebé.
Me levanto para quitarme el abrigo y lanzo una mirada llena de odio y amenaza hacia el lugar del que proceden los berridos. Entonces veo al bebé, sufriendo por algún motivo que los demás desconocemos y trivializamos pero que él siente desde la pureza de su inexperiencia, desde su inconsciencia.
Y veo a su madre, un rostro lleno de dulzura que, ajeno a la incomodidad que su retoño despierta en los pasajeros, trata de calmarle con una sonrisa aderezada con desazón.
Mi mirada amenazante se transforma, repentinamente, en vergüenza propia y ajena. Los bufidos, resoplidos, chasquidos y demás quejas continúan. Ojalá los demás se voltearan y vieran lo que yo he visto: una imagen llena de ternura y de mimo, una demostración del amor más inmaculado.
El foco de tirria de medio autobús se ha convertido para mí en una guía que me recuerda cuánto desprecio los individualismos, la falta de empatía y, en suma, la insolidaridad. Ellos brillan y los demás seguimos en la penumbra.
En el fondo, sus llantos nos molestan porque todos tenemos unas profundas e irreprimibles ganas de llorar. Le envidiamos porque él puede desahogarse sin importarle qué piensan los demás. A gritos y aspavientos, a lágrima viva y a moco tendido. Nosotros no. No en público. Como mucho nos concedemos el lujo de echar un suspiro humedecido desde la furtividad que nos concede el bochorno.
El autobús comienza a moverse. Pasado el rato, se vuelve a escuchar al bebé. Esta vez son risas adornadas con trinos y gorgoritos que a nadie parecen molestar. El bebé sigue siendo dichoso y nosotros... Nosotros continuamos con unas profundas ganas de llorar.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Esperando nada
"En ese momento de plena felicidad me invadió una terrible sensación de tristeza venidera".
Esta frase, o una muy parecida, forma parte del guion de 'Las Sesiones', una película que a priori no llama mucho la atención y que precisamente por eso, por no crear expectativas, sorprende gratamente.
Y sobre las expectativas medito últimamente largo y tendido. Un caramelo envenenado cuyo sabor es delicioso al paladar, pero que deja hecho añicos el estómago. Se degusta en los momentos previos a una situación o circunstancia que se considera estimulante: a un nuevo trabajo, a un nuevo curso lectivo, a un viaje... y especialmente entre los jóvenes, a una noche de fiesta.
Solo hay que echar un vistazo a las calles de Madrid un viernes al atardecer. Se palpa el ánimo, esa emoción contenida que se ha ido reservando durante toda la semana, como se hace con el caldo de verduras para el cocido magistral de los domingos. Sonrisas y alborozo por las calles; los bares, a rebosar; y a través de las ventanas semiabiertas de los pisos compartidos se pueden escuchar las escurridizas notas de algún tema desenfadado. En su interior, los jóvenes habitantes se arreglan, combinan y permutan sus prendas, bailan frente al espejo, se preguntan y aconsejan. Ya ruedan por el baño los pintalabios y los botes de gomina. En el pasillo, el olor a éxito que deja la mezcla de colonias recién servidas. Y más adentro, en cada una de sus cabezas, una sola idea: "Esta es mi noche".
Esto es lo que ocurre un viernes normal (está claro que los sábados pierden fuelle), que se da semana tras semana. Pero ahora se acerca la noche del año que más expectativas a nivel global genera, que más fantasías e ilusiones despierta en las mentes juveniles, volubles y soñadoras. Se acerca Nochevieja. Se acerca la emocionante liturgia previa a Fin de Año. La de probarse el vestido negro dos veces al día; la de pedir cita en la peluquería; la de atar con doble nudo los planes para la noche más importante del año. La más prometedora.
Pero por muy complejo que sea el mundo imaginario que se abre paso entre los recovecos de la materia gris, este acabará por derrumbarse, estallará cual pompa de jabón en cuanto el reloj atraviese el umbral de las 00.00 y los pies atraviesen el umbral del portal. La bofetada gélida de una noche de invierno devuelve a cada cual a su puro existir, en el que las emociones nunca han necesitado cita previa. Y al despertar el 1 de enero los ánimos están desinflados, apocados. La apatía se adueña de un cuerpo hecho trizas y de un espíritu desengañado. El contador empieza de cero. Otra vez, un año más.
No está de más dejarse embriagar de vez en cuando por las expectativas pero a veces es mejor rechazarlas y darle a la realidad la posibilidad de que te seduzca hasta la plenitud. Es difícil y, cuando lo hace, sabes lo que vendrá después.
"En ese momento de plena felicidad me invadió una terrible sensación de tristeza venidera".
viernes, 9 de noviembre de 2012
Radiografía de China ante el cambio en la cúpula del Partido Comunista. Marco político (III)
Otros partidos políticos en China.
Al margen del unipartidismo citado expresamente en el preámbulo de la Constitución de 1982, en China existen ocho organizaciones políticas legales, si bien su potestad para tomar o participar en decisiones y resoluciones vinculantes es nula. Son el Comité Revolucionario del Guomindang de China, la Liga Democrática de China, la Asociación de la Construcción Democrática de China, la Asociación para la Promoción de la Democracia en China, el Partido Democrático Campesino y Obrero de China, el Zhigongdang de China, la Sociedad Jiusan y la Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwan.
Todas ellas, más el PCCh, están representadas en la Conferencia Política Popular Consultiva China (CCPPCC), a través de más de 350.000 miembros(8). La CCPPCC se reúne una vez al año para acercar posturas entre las distintas formaciones y debatir temas concretos. Pero las decisiones extraídas de la CCPPCC son meramente consultivas.
La influencia del Partido sobre la CCPPCC es notable, pues está presidida por uno de sus miembros, Jia Qinglin. Además, es el PCCh quien la convoca y la mayoría de sus integrantes forman parte del partido.
________________________________________________________________________
8 Marco Político en China. Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Pekín, Mayo 2010.
Al margen del unipartidismo citado expresamente en el preámbulo de la Constitución de 1982, en China existen ocho organizaciones políticas legales, si bien su potestad para tomar o participar en decisiones y resoluciones vinculantes es nula. Son el Comité Revolucionario del Guomindang de China, la Liga Democrática de China, la Asociación de la Construcción Democrática de China, la Asociación para la Promoción de la Democracia en China, el Partido Democrático Campesino y Obrero de China, el Zhigongdang de China, la Sociedad Jiusan y la Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwan.
Todas ellas, más el PCCh, están representadas en la Conferencia Política Popular Consultiva China (CCPPCC), a través de más de 350.000 miembros(8). La CCPPCC se reúne una vez al año para acercar posturas entre las distintas formaciones y debatir temas concretos. Pero las decisiones extraídas de la CCPPCC son meramente consultivas.
La influencia del Partido sobre la CCPPCC es notable, pues está presidida por uno de sus miembros, Jia Qinglin. Además, es el PCCh quien la convoca y la mayoría de sus integrantes forman parte del partido.
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8 Marco Político en China. Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Pekín, Mayo 2010.
martes, 6 de noviembre de 2012
Radiografía de China ante el cambio en la cúpula del Partido Comunista. Marco político (II)
Articulación del poder en China.
En China existen tres grandes
estructuras de poder, aunque debido a la omnipotencia del PCCh es difícil
distinguir dónde están los límites entre ellas. Lo que sí es seguro es que es
precisamente el partido el que ocupa la cúspide de este triángulo:
A. El Partido Comunista Chino: Fue fundado en 1921 y es, desde
1949 hasta hoy, el único partido que ha ostentado el poder del país. Casi 80
millones de personas militan en él, aunque integra una serie de órganos que van
estrechando su cúpula hasta concretarse esta en nueve de sus miembros, las
cabezas visibles del partido. Los órganos del PCCh son:
- El Congreso Nacional, que se reúne
cada 5 años y cuya función principal es renovar o reelegir a los cargos representantes
de los órganos superiores. El último, el XVII Congreso Nacional del PCCh
se celebró en 2007 y en él participaron 2.225 miembros en representación
de toda la militancia. El próximo tendrá lugar en 2012 y de él saldrán
electos, entre otros, los sucesores del actual presidente de la República,
Hu Jintao, y del Primer Ministro, Wen Jiabao. En el Congreso Nacional se elige también a los
componentes del siguiente eslabón del partido, el Comité Central.
- El Comité Central está compuesto
actualmente por 371 miembros (204 titulares y 167 suplentes). Por lo
general, se reúne en pleno dos veces al año. Entre sus funciones destaca
la de marcar las líneas genéricas de actuación del partido. Además, en él
se designa a los miembros del Politburó, siguiente instancia en la
organización del partido. Al Comité Central también le corresponde elegir
a los nueve miembros que integran el Comité Permanente del Politburó y entre
ellos debe nombrar al Secretario General del Partido.
- El Politburó o Buró Político: en la actualidad se compone de 25 miembros que
de forma paralela ocupan los puestos más importantes en el Consejo de
Estado (el Gobierno). Se reúnen con una mayor asiduidad y se encarga de
concretar las líneas fijadas por el Comité Central mediante la toma de
decisiones.
- El Comité Permanente del Politburó: es la cúspide en la que se concentran los nueve hombres más importantes del partido único. En los tres primeros puestos se encuentran, por orden de importancia: el Presidente de la República, Hu Jintao; Wu Bangguo, Presidente de la Asamblea Nacional Popular y Wen Jiabao, Primer Ministro. El Vicepresidente de la República, Xi Jinping, ocupa el sexto sillón en el Comité Permanente.
![]() |
| Hu Jintao, Wu Bangguo, Wen Jiabao, Jia Qinglin, Li Changchun, Xi Jinping, Li Keqiang, He Guoqiang y Zhou Yongkang. Los 9 miembros del Comité Permanente tras su nombramiento en 2007 |
B. El Estado:
subordinado a la existencia del PCCh, es un intento para establecer la clásica
división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. A estos habría que
añadir el militar.
1.
Consejo de
Estado (poder ejecutivo): es el Gobierno, dirigido por el Primer Ministro
Wen Jiabao y compuesto por unos 40 miembros entre Viceprimeros Ministros,
Ministros, Consejeros de Estado, el Presidente del Banco Popular de China, etc.
Los mandatos se ejercen por periodos de 5 años y por un máximo de dos
legislaturas.
2.
Asamblea Popular
Nacional (poder legislativo): está compuesta por unos 3.000 miembros que
representan a las 32 grandes unidades administrativas del país (23 provincias,
5 regiones autónomas y 4 municipios autónomos). Sus funciones son la
aprobación, modificación o supresión de leyes (también sobre reformas de la Constitución),
nombramiento o destitución de cargos, y supervisión de los demás órganos del
Estado. El mandato de los miembros de la APN dura también 5 años. En la
actualidad, el Presidente de la APN es Wu Bangguo.
3.
Tribunal Popular
Supremo y Fiscalía Popular Suprema
(poder judicial): están presididos, respectivamente, por Wang Shengjun y Cao
Jianming. Al hablar del poder judicial en China, hay que destacar su debilidad
y dependencia del PCCh. Este controla, desde fuera, los nombramientos de los
jueces (a través de la APN) y desde dentro, con comités de control presentes en
todos los tribunales[1].
4.
Comisión Militar
Central: es la máxima autoridad del Ejército Popular de Liberación. En
teoría, existen dos CMC, una dependiente del Estado y otra del PCCh, aunque en
la práctica no existe diferencia entre ambas[2]. El
Presidente de la CMC es Hu Jintao.
C. El Ejército Popular de Liberación: es la tercera gran
estructura de poder de China. Está gobernado por la ya citada CMC y es el
ejército más numeroso del mundo.
![]() |
| El ejército más numeroso del mundo |
Una vez determinadas las tres
ramas de poder en la República Popular China y los organismos en los que se concretan,
se observan varias peculiaridades. En primer lugar, es curioso cómo en China
las instituciones políticas y estatales se configuran a raíz de la existencia
del PCCh y no a la inversa. La configuración del Estado es una réplica de la
del PCCh y, del mismo modo, los mandatarios de las instituciones del Estado son
también altos cargos del PCCh, llegando algunos a ocupar varios puestos en la
dos superestructuras (por ejemplo, Hu Jintao es Presidente de la República,
Secretario General del PCCh, Jefe de las Fuerzas Armadas y Presidente de la CMC).
No obstante, la concentración de
poder era más acusada en el pasado. En la época de Mao, el peso del Gobierno y
de la República recaía en el dualismo ‘único líder, único partido’. Hoy, pese a
haber pocos indicios de que el régimen se vaya a abrir al pluralismo político,
se evita la figura de líder para abogar por los órganos colegiados y el reparto
de las responsabilidades.
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