domingo, 12 de enero de 2014

Tras una triste estancia

Un lugar acogedor y funesto,
mágico,
 perverso...
Teñido por el gris de lo discreto.

Mil ojos vigilan desde un punto ciego.
Sombras en la ventana, 
cortinas en movimiento...

Pueden ver cómo regreso.
Mirada inmóvil,
paso ligero;
pero no que hay algo que conmigo llevo:
un trozo de ese pantano de tristeza
 que mantiene verde y húmeda esta tierra,
fértil en morriña y pena,
en silencios de verbena.
Rica en muerte y ausencia.

En su suavidad fría...

En su extraña lejanía...
Entre los susurros de la niebla
 descansa una opresora divina:
la soledad,
ya viuda,
y la única que aquí permanece viva.

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