He aquí un "repor" que escribí el verano pasado para El Progreso, y que debido a la época del año y a lo poco que me apetece escribir ahora mismo, he querido recuperar:
«Cuando llega el calor los chicos se enamoran». Así nos lo adelantaban años ha unas visionarias llamadas Sonia y Selena, quienes atribuían el fenómeno pasional a «la risa y el sol». Nueve veranos después de que la premonitoria canción viera la luz una encuesta emitida por la red social Clan 2000 lo confirma: el 80% de los españoles opina que en verano se liga más que el resto del año.
¿Y qué dicen los lucenses al respecto? Alberto Fernández, de 22 años, coincide con la estadística: «Nos animamos a salir más por el buen tiempo o las vacaciones y se conoce a más gente». De acuerdo con esta teoría está Alba Tella, quien asocia el flirteo de verano con que «la gente se pone menos ropa, sale más de fiesta y está de muy buen humor todo el día».
Tampoco Diego Portela, representante del colectivo quinceañero, lo duda un instante: «Se liga más en verano porque la gente está más suelta», dice este joven que ve en los bares los lugares ideales para el cortejo.
Mas no es ésta una filosofía que domine solo en la pubescencia, ni una moda pasajera llegada con el pareo, el trikini o la popularización del topless. Más bien se trata de una creencia que, al parecer, sobrevive generación tras generación.
Cuenta Javier Vázquez que si se coquetea más es porque «la gente se desmadra». Esto sumado a los viajes y a las vacaciones determina que las oportunidades sean «terribles», afirma este hombre de 62 años.
Junto a él, Moisés Guás, quince años mayor, revela el lugar en el que le gustaría desplegar sus armas de seducción: «Para mí, una montaña muy alta», confiesa demostrando una gran dosis de originalidad.
Algo más usuales son los sitios que constantemente han repetido los lucenses que se han atrevido a contestar estas preguntas. Como si de un tema de Los Suaves se tratara,
nuestros protagonistas caen en la clásica enumeración de «bares, pubs y discotecas» al referirse a los lugares en los que el ligoteo resulta más fácil.
En torno a este último emplazamiento, las discotecas, gira un furor fenoménico que atraviesa las murallas de la ciudad e incluso los límites administrativos de la provincia. Así se explica que un 37,5% de los españoles que han participado en la encuesta Clan 2000 escojan estos locales en los que, quien no pesca, es porque no quiere.
«¿El mejor sitio para ligar? Una discoteca a partir de las cinco de la mañana», dice Silvia Basanta entre risas. Claro que la cosa cambia cuando, mientras la mayoría se divierte en la pista de baile, otros se pasan la noche sirviendo cubatas. «Detrás de una barra se liga mucho más, pero no por el físico, precisamente —medita esta veinteañera—. Y cuando sales ya nadie te hace caso». ¿A qué se debe esta singularidad? Silvia lo achaca a que «en estas pequeñas localidades estar con el dueño de un local o con una camarera equivale, en una gran ciudad, a estar con un famoso».
Alberto Fernández, ya citado en estas líneas, también tiene sus propios argumentos para escoger la discoteca como reducto ideal para ligar. «Siempre se está de buen rollo y siempre puede caer algo. Además, tomarse unas copas ayuda a soltarse y tirarse a la piscina». Similar es la opinión de Eliseo Real: «yo prefiero las discotecas, porque de fiesta todo el mundo es más sociable».
Otros lugares
Es chocante que las fiestas de amigos, que en el sondeo aparecen como favoritas por los españoles (con un 43,5%) para flirtear, no haya sido citada por los lucenses entrevistados.
Otras ubicaciones destacadas en el cuestionario fueron la playa, la piscina, el gimnasio y el supermercado. También la oficina es nido de pasiones, si bien de esto, los lucenses, obnubilados por escapar de todo lo relacionado con el trabajo, no han dicho ni mú.
Sí nos topamos con varias mujeres que eligen la playa como escenario de fantasía. Su éxito está asegurado si sus atuendos cumplen la premisa de Eliseo Real: «Hay biquinis que matan». Pero que estén tranquilas las féminas del litoral; este funcionario no traspasa los límites al tratar con el sexo opuesto y confiesa que «mi estrategia de ligue es hablar ¿Qué voy a hacer, desnudarlas?».
Más preocupaciones les despertaría la metodología de Fermín García, de 50 años, quien arraigado a tradiciones ancestrales todavía se mantiene fiel a «la táctica primitiva: mazazo en la cabeza y llevarlas a la cueva», dice bromeando. Carmen Lamas prefiere fórmulas más sutiles para, cual arácnido, atraer los ‘moscos’ a sus redes. «Parecer más simpática de lo que una es en realidad siempre funciona», desvela esta mujer de 47 años.
Parece que de la galantería de tiempos pasados ya nada queda fuera de los clásicos del cine en blanco y negro. Lo que prima en nuestros días es la efectividad, y para efectivo —que presten atención los que aún no hayan pillado cacho—, el consejo de Alba Tella: «Primero buscas el contacto visual; cuando lo tienes, sonríes; y a partir de ahí ya buscas el contacto físico, ya sea con un pisotón o tirándole el cubata por encima».
No sabemos si tras este procedimiento podremos enamorar a una futura media naranja, pero lo que es seguro, para bien o para mal, no pasaremos inadvertidos.
Anécdotas
Al margen de este truco, Alba también ha tenido sus momentos de inseguridad. «Una vez quedé con un chico y como no recordaba como era, mandé a una amiga para que lo viera ella primero», revela la muchacha.
Milagros Hernández, quien dice que para triunfar no hay nada mejor que «ser natural», se pintó los labios —«yo que nunca me los pintaba»—, para un concierto de Camilo Sesto. «Al final le dimos un beso», dice esta mujer de 56 años.
Las situaciones anecdóticas también son atemporales, y si no que le pregunten a Javier Vázquez, cuya melena larga despertaba odios en los adultos y pasiones en las mozas allá por los años 70.
Pero para historia, la de Carmen Lamas, quien conoció a «un chico —que hoy, veinticinco años más tarde, es su marido— que tenía una Yamaha, y como no sabía si lo que me gustaba era él o su moto le pedí que la vendiera». Y Carmen perdió una moto, pero ganó un esposo.
No obstante, los cuentos de amor verdadero no son los que priman en la época veraniega. Cupido está de vacaciones y su becario inexperto apenas roza con su flecha a las dianas... ¿El resultado? Rollos de una noche a troche y moche.
sábado, 13 de agosto de 2011
lunes, 8 de agosto de 2011
Autodiálogo
- ¿Crees que tiene sentido continuar con esto?
- No sé... Dímelo tú...
- Sabes que nadie lo ve, que a nadie le importa. Tampoco aportas nada nuevo.- Por eso lo hice, para mí... A mí si me importa... a veces.
- Entonces... ¿Para qué pusiste un contador?
- ... pues.... eh....
- Si fuera para ti, escribirías un diario. A todo el mundo, en el fondo, le gusta imaginar que alguien leerá sus pensamientos, si es que los escribe. De ahí el contador.
- Supongo que llevas razón... Pero también por eso, por saber que alguien puede leerlos, a veces no escribo con la claridad con la que pienso...
- Y eso acaba pesando.
-Y muchos otros pensamientos se escurren, sin someterse a las rígidas leyes de la gramática, la sintaxis y la ortogafía... y se convierten en estrellas lejanas que aún estando ahí, son irreconocibles... Se pierden entre las demás, todas ellas iguales. ¿Comprendes...?
- Sí. Por un lado se llama autocensurarse; y por el otro, excusarse.
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