Era joven, vital y rica, con la peculiaridad de que no se trataba de una superestrella hollywoodense de los años 50. Es más, no se trataba, siquiera, de una persona. Su nombre era (y supongo que todavía es) Pripyat. Aunque muchos ya conocen su historia, tenía la extraña necesidad de hacerme eco de ella para compartir la fascinación que sentí hará unos tres o cuatro años, cuando supe de su existencia.
Corría el año 1970. La fiebre por la energía nuclear, al parecer, se encontraba en pleno auge. Al mismo tiempo que se construía la central de Chernobyl, comenzaron las obras, a tan sólo 900 metros de distancia, de lo que sería la ciudad de Pripyat. Ésta sería el nuevo hogar de parte de los científicos, ingenieros u operarios que trabajarían en la planta energética.
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| Pripyat a principios de los 80 |
Por lo que se puede leer en Internet, hasta 1985, Pripyat creció a una velocidad vertiginosa. En quince años su población ascendió a unos 50.000 habitantes y las infraestructuras, junto al sector terciario y la oferta cultural y de ocio proliferaron con ella. Debía de ser la hostia.
Si son ciertos los datos, se trataba de una ciudad próspera en la que la media de edad de los habitantes estaba por debajo de la de cualquier otra ciudad de la URSS y en la que la media de renta per cápita era una de las más altas del territorio. Me lo imagino como un oasis soviético, un reducto pacificado al norte de Ucrania en el que reinaban el frescor de una inteligencia joven y el optimismo arropado por unas posibles luces de neón que lanzaban destellos jaraneros al caer la noche.
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| Pupitres abandonados |
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| Lo que queda de la piscina climatizada |
Sin embargo, el prometedor destino de Pripyat se ve alterado en la primavera de 1986. Todos sabemos por qué. La catástrofe de Chernobyl hace que esa aurora de alegría y vitalidad que tengo asentada en la cabeza se trunque en una atmósfera radiactiva en la que ya no hay lugar para la vida humana.
Hoy, casi un cuarto de siglo después, de la boyante Pripyat sólo queda la vaga sombra de lo que fue en un pasado no demasiado lejano. Estancada en el tiempo, en ella permanecen todavía en pie los edificios que en otro tiempo albergaron el ayuntamiento y el gorkom. En las paredes y los pupitres de las escuelas aún se pueden leer mensajes de amor adolescente. La noria, años atrás sinónimo de alborozo, se asemeja ahora a una tétrica y enorme turbina oxidada. También se mantienen erguidos los numerosos bloques de viviendas que antaño dieron cobijo a los ciudadanos y en los que hoy, tras sucesivos saqueos, debe de quedar poco más que escritos, fotografías y juguetes abandonados. Se revive, en versión posmodernista, la tragedia acaecida en Pompeya en el año 79... Con la diferencia de que esta vez, un Vesubio cementoso construido por el humano entró en erupción por acción humana... Pero bueno, al fin y al cabo todo parte de la naturaleza.
Pripyat, la ciudad que quedó atrapada en el tiempo a sus dieciséis años, ha pasado en menos de cuatro lustros de ser un esperanzador paraíso a una enorme localidad fantasma, en las que sus desiertas calles lanzan al aire una pregunta que sólo el ulular del viento responde: ¿qué fue de toda esa gente? No sé, prefiero imaginármelo. Son muchas las incógnitas que giran en torno a todo este tema, pero al menos una cosa es segura: allí ya no queda nadie, excepto una agreste vegetación que parece proclamarse dueña máxima de la ciudad, ahuyentando con brotes infectos de esquizofrenia y desasosiego a los visitantes que osan mirar de frente a las enormes y ¿deshabitadas? colmenas de hormigón.






Saludos.
ResponderEliminarLa entrada está muy bien, siempre es interesante leer sobre estos temas.
De todos modos, permíteme informarte de que Pripyat dejó hace ya tiempo de ser una ciudad fantasma. Allí vive gente, y a Chernobyl va gente a trabajar todos los días (aunque el reactor accidentado permanezca sellado indefinidamente).
Es obvio que el riesgo es muy grande viviendo allí, pues la radiactividad está muy lejos de haberse disipado. Aún así, parece que la necesidad de un trabajo y una vivienda, en ese país, han podido más para mucha gente.
Hola! Perdón por tardar, leí esto ahora. Pues gracias por la información. He leido bastante sobre el tema y al parecer sí hay vagabundos o gente mayor que ha vuelto a sus casas, pero casos excepcionales. Lo que también tenía entendido es que es una zona de exclusión militar y que, por ende, no se puede acceder si no es para grupos de visita (con tiempo limitado) o para chequeos de radiactividad. Pero yo nunca he estado allí, todo lo que sé es por documentales, reportajes o blogs de gente que sí ha estado. Igualmente te agradezco la info y seguiré buscando sobre el tema. Un saludo!! :)
ResponderEliminarHola! Somos unas estudiantes de BArcelona que estamos haciendo un trabajo sobre Chernobyl. Nos iría muy bien si nos pudieras pasar información sobre el tema, sobre todo de la gente que vive actualmente allí.
ResponderEliminarMuchas gracias!!
Mar i Mercè