- ¿Crees que tiene sentido continuar con esto?
- No sé... Dímelo tú...
- Sabes que nadie lo ve, que a nadie le importa. Tampoco aportas nada nuevo.- Por eso lo hice, para mí... A mí si me importa... a veces.
- Entonces... ¿Para qué pusiste un contador?
- ... pues.... eh....
- Si fuera para ti, escribirías un diario. A todo el mundo, en el fondo, le gusta imaginar que alguien leerá sus pensamientos, si es que los escribe. De ahí el contador.
- Supongo que llevas razón... Pero también por eso, por saber que alguien puede leerlos, a veces no escribo con la claridad con la que pienso...
- Y eso acaba pesando.
-Y muchos otros pensamientos se escurren, sin someterse a las rígidas leyes de la gramática, la sintaxis y la ortogafía... y se convierten en estrellas lejanas que aún estando ahí, son irreconocibles... Se pierden entre las demás, todas ellas iguales. ¿Comprendes...?
- Sí. Por un lado se llama autocensurarse; y por el otro, excusarse.
Pasa de autocensurarte. Probablemente este sexa un dos poucos lugares donde podes ser como queiras ser. E ben se queda un despois...
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